MIS MUERTOS










El primer síntoma de que te vas haciendo mayor es que la lista de tus muertos empieza a hacerse larga. Una vez oí a Rosa Regàs en la radio, rodeada de veinteañeros extasiados escuchándola, decir que se había dado cuenta de que tenía más amigos muertos que vivos y eso le recordaba que su viaje no tardaría en concluir. Pero lo decía con el mismo optimismo y pasión que lo dice todo, no con tristeza o añoranza, sino aceptando que es lo que pasa y no hay que montar una gran tragedia porque la muerte es parte de la vida.
El primer muerto que recuerdo en mi vida fue una compañera de clase, María Luisa Verdes (es curioso cómo recordamos los apellidos de los compañeros de colegio y olvidamos dónde hemos dejado las llaves), teníamos unos diez años y dejó de ir a clase porque tenía leucemia. Un día el profesor nos dijo que ya no volvería. Recuerdo haber llorado a pesar de que no era de mi círculo más cercano. Pero no creo que mi reflexión sobre la vida y la muerte fuera mucho más allá.
A los 18 perdí otro amigo en una tormenta en el campo. Había ido de excursión y le cayó un rayo. Iban tres, y gracias a que él perdió un zapato del impacto y el rayo tomó tierra, los otros dos salvaron la vida.
De mi familia no se ha ido mucha gente antes de tiempo, pero cada uno que se va se lleva un trocito de tí, esos momentos que no se volverán a repetir. Desde que murió mi tío Pepe no ha habido forma humana de reunir a todos los Mazuecos en verano a montar un buen jaleo con cuerva y guitarras. Mi tío Jose se fue despacito, poco a poco, antes que su madre. La última vez que estuvieron juntos él iba en silla de ruedas y como se lo habíamos ocultado a la abuela para que no lo pasara mal, le miraba como sin creérselo y le tocaba la manita como cuando era niño. La abuela se fue tranquila, yo creo que estaba cansada después de 96 años, bastantes ya sin el abuelo.
La última ha sido quizá la más dolorosa, por inesperada. El día 27 hará un año que se nos fue Marisol y todavía no acabamos de creerlo. Entró en un quirófano bromeando sobre su estilismo y ya nunca despertó.
No hace falta fijar un día para recordarles. A cada uno le echas de menos en un momento de tu vida, cuando pruebas unas rosquillas con anisitos como las de la abuela, cuando ves las fotos de familia, cuando recuerdas alguna anécdota y se la cuentas a alguien que ni siquiera les ha conocido. En ese momento, están vivos para ti.

Comentarios

  1. sin proponernoslo hemos tocado temas parecidos. En mi blog tambien hable de este tema (queriendo explicar otro).
    No se si a vos te pasa, pero el tiempo no sirve para mitigar el dolor de la perdida. Solo sirve para aceptarla.
    A diario recuerdo a mi hermosa abuela Elena, ella estuvo en todo lo cotidiano, y aprendi a cocinar y a planchar viendola. Sigue viviendo en mis recuerdos y en las anecdotas que cada tanto recordamos con mama. Estara en mi corazon por siempre.
    Besos desde ARgentina

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  2. Excelente entrada Ana, muy buena y lo sabes.

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  3. Antes de nada hola, soy nuevo en esto y hace unos 30 dias me dijo mi esposa que me deja. Me he puesto a crear un blog. Lo estoy pasando muy, muy mal y deseo que me den cosejos y vean mi blog. separadosevilla.blogspot.com
    Perdona mi atrevimiento por molestarte. Muchas gracias y un cordial saludo. Jose joaquin

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  4. Consejo para el separado...el que pierde a una buena mujer ,¡¡ no sabe lo que gana !!!....

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