DOMINGO PEREZOSO
















Estoy desnuda frente al espejo echándome la bronca: ¡Porelamordediosana! ¿Cuándo te vas a poner en serio a quitarte el chaquetón de grasa ése que llevas puesto? ¿No te querías quitar la pastillita? ¡Deja ya de poner excusas! ¡No puedes comprar trufas por si vienen tus amigas, porque tus amigas saben que en casa se debe comer apio y manzanas!
De fondo suena Marino Marini cantando Marina. No me he vuelto loca. Debo escribir algo que tiene que ver con Italia... ya contaré más cosas. A la música se une el pitido de la lavadora que me anuncia que ha terminado y cuando me venga bien puedo ponerme a tender los 7 kilos de ropa de todos los colores posibles (¡bendito sea el antitransferente!). En mi cabeza resuenan las notas de los cantos africanos de "El Rey León", mientras pienso en cómo escribir una crítica sin ningún dato de la producción ni el reparto. Además tengo pendientes los ejercicios de suelo pélvico de hoy y el post para Laura sobre mi rehabilitación, que está siendo sorprendentemente agradable. Mañana debo finalizar ¡POR FIN! la edición de la Maldita Vida Rural que ha sido un enorme grano en el culo durante los últimos meses. Luego me sentaré a realizar dos horas de la bonita Mañana de la 1, me pillará la cocina y me pondré a salivar sobre la mesa de control bailando, eso sí, las cortinillas de promociones en una coreografía sencilla a la par que elegante que nos hace más llevadera tanta desgracia de la que hablamos. Por la tarde tendré una reunión en la ONCE para hablar de la gala del sorteo del once del once del once (¿QUE TODAVÍA NO LLEVÁIS BOLETOS? yo sí, y si me toca, la gala se va a negro, desde aquí os lo digo). Después iré a revisar la integración de Zubiri con Nino Bravo. Mi hija todavía no lo sabe. A ver si cuando le cuente que mañana, además de ir sola al cole, irá a casa de los abuelos al salir a esperar a que vaya a recogerla me sigue diciendo que soy la mejor madre del mundo. Hoy me lo ha dicho varias veces y después me ha preguntado si quería una infusión... yo me la estoy tomando, pero es para sospechar. Supongo que será porque quiere ir a clases de paddle y le he dicho que vale, pero que me va a firma un contrato comprometiéndose a terminar lo que empieza no como el judo, adjedrez, gimnasia deportiva, danza... que es especialista en picotear en todo y no terminar nada ¡señor, cómo me recuerda a su santa madre!
Total, que si alguien se preguntaba si había muerto, que sepa que no, que yo sigo aquí, esperándote, y que tu dulce boca ruede por mi piel, como decía Paulina, esa gran amiga de doña Stoliskaya.
Menos mal que existe la paella de los domingos de mamá, que es un gran misterio, porque odia el arroz y cocinar y le salen unas paellas impresionantes. Mi familia es bastante rara. Seguramente en un ratito reciba una llamada de mi padre que se ha hecho íntimo amigo de unos turcos encantadores que tienen un kebab cerca de mi casa, y se pasa por ahí de vuelta de sus paseos, aunque no me vea a mí.
Os dejo con la imagen que quiero recuperar... ¡bueno, vale, me conformo un una talla más de talle!



Comentarios

  1. jajajaja Ana! Que no puedo más! jajajaja No sabía que habías actuado en un programa, estoy en shock

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