QUERIDO DIÓGENES,



¡SAL DE MI CUERPO YA!
Llevas instalado en mí demasiado tiempo, y no puedo con esa carga. Los virgo somos un grano en el culo para todo el mundo, pero sobre todo, para nosotros mismos. Porque como pretendemos la perfección y es imposible, nos quedamos en el caos. O todo o nada. Y así he conseguido convertir una habitación en trastero. Hasta que llegaron las brigadas antivicio, disfrazadas de dos buenos amigos. Y digo "buenos amigos" sabiendo muy bien lo que significa. Porque, tal y como vamos ahora todos, ¿quién te dedica todas sus tardes una semana entera, no sólo sin protestar, sino con una maravillosa sonrisa, te trae su música y te baila mientras le da al rodillo como si le fuera la vida en ello? De acuerdo, a cambio yo pongo la cerveza, que la señora del Super Sol ya empieza a mirarme raro, y dentro de poco me llamará por mi nombre, porque todos los días me llevo doce latas y vuelvo al día siguiente a por otras tantas. Pero nadie puede saber el mérito que tiene haberme obligado a abrir esa puerta, mirar dentro, sacarlo todo, y convertir aquéllo en una maravillosa habitación de preadolescente con ínfulas de Drama Queen.
Sólo espero que, después de esto, no me declare mentalmente incapaz y me interne en un establecimiento lleno de Napoleones y Cleopatras.
Queridos brigadistas: cuando esto acabe os haré un cuscús de los de chuparse los dedos y de postre una maravillosa tarta de zanahoria y chocolate, aunque será mejor que la guardéis para desayunar. ¡Que no me coméis nada!

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