CRÓNICAS MURCIANAS. ¡MENUDO FIN DE FIESTA!
















Mi padre empezó a toser hace una semanas y mi madre le mandó al médico. En casa no somos muy de ir al médico. Yo creo que le mandó más bien porque daba mucho el coñazo por las noches. Así que el hombre que es muy bienmandao, aunque yo creo que más bien intentando evitar el coñazo que le daban por el día, se fue al ambulatorio de desplazados. Por eso y porque yo le había dicho dos días antes que en la recepción trabajaba la hija de una prima suya que me había detectado por el apellido. Dicen que cuando nos hacemos mayores nos da por recordar nuestros primeros años. Y es verdad. Mi abuela en sus últimos años hablaba sin parar de la tienda de chuches (entonces eran ultramarinos) que tenía su tía en Leganés. Y eso fue hacia 1918, ya ves, mientras los mitos de Woody Allen vivían los años locos del París de los 20, mi abuela mangaba chuches en el colmao de su tía para invitar a sus amiguitas.
Pues bien, mi padre ha entrado un poco en esa fase, porque este verano me ha estado contando cosas de la guerra en Granada, donde la pasó siendo niño, mientras mi abuelo estaba en el frente, creo que con los golpistas (si lee esto me mata), y de cómo mi abuela esperaba la llegada de los cadáveres e iba carro por carro levantando las mantas que les cubrían para ver si alguno de ellos era mi abuelo.
Todas estas cosas me las contaba mientras le llevaba a tomar sus nebulizaciones, que resulta que el catarro no era fingido y decidí tomar cartas en el asunto porque a veces nos da la impresión de que no se entera mucho de las cosas. Así que me paso el fin de semana yendo dos veces al día a urgencias (que es donde te mandan los días de fiesta) hasta que un miércoles que había quedado yo en llevar a los pequeños a un parque acuático (¡qué relax las vacaciones!) dejo encargadas a mi madre y mi hermana de llevarle a las cuatro y cuarto. Cuando vuelvo pregunto qué tal y me dicen que se les ha escapado... ¡no me jodas! ¿Me voy un día y se os escapa? ¿Un abuelo de 81 años? Cuando se dieron cuenta salieron las dos en coche a buscarle y no le encontraron en el ambulatorio. ¡Vaya tela!
Resulta que había partido de fútbol a la hora de la consulta y el tío se había ido a las 3 a ver si le colaban, había cogido su coche (que se ha comprado hace un año), y se había colado, le habían dado las nebulizaciones, había pedido la nueva cita y estaba tan pancho en casa de su hermano viendo el partido... ¡tócate los huevos! Su hermano es diez años más joven que él, y cuando voy a verle me dice: "A tu padre le veo yo muy distraído este año... ha dao un bajón...". Y mi padre: "Mi hermano está fatal, no levanta cabeza con lo de la chica...". ¡Tal para cual!
Bueno pues unos días después de este episodio las que tosíamos como posesas éramos mi madre y yo. Me he pasado la última semana con tos de perro, escalofríos, sueño... ¡un cuadro! De todos modos, inasequible al desaliento, he bajado a la playa a respirar aire de mar (que afortunadamente ha estado un poco cabreado, y así no me ha dado tanta pena no bañarme algún día), he empezado El viaje al poder de la mente, de Punset, y he de reconocer que me cuesta un poquito porque a mí, con mi localización espacial lo de imaginarme el infinito y a nosotros viajando a 250 km por segundo me marea.
De momento, voy a ir a conocer a mi médico de familia, que ya va siendo hora, porque me he traído el catarro de recuerdo de vacaciones.

Comentarios

  1. Ana, buenísimo el relato. Ya vez que a los mayores nos tienen subestimados. Tu padre con 81 armó solito su programa pasando olímpicamente de sus improvisados enfermeros. Que te recuperes pronto del catarro.

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