I LOVE FRIDAYS



El viernes es mi día favorito del universo. El viernes te abre un mundo de posibilidades. Desde que amanece estás contenta. Parece que no te importe ni madrugar. Abres los ojos y empiezas a hacer planes sin parar. Quieres exprimir todo el jugo al fin de semana: ver a todo el mundo, hacer ejercicio, plan de belleza intensivo, comer sano, leer, escribir, ordenar... Lo malo es que dos días pasan volando. El viernes te sientes optimista, pero cansado. Así que si consigues salir pronto del trabajo puedes echar una siestecita y vivir la noche. Si no sales pronto, forget about Paris, como mucho llegas al plan de belleza, sobre todo si estás divorciada y libras de madre (y tu ex no tiene trabajo y te tienes que ocupar de tu retoño hasta las mil). Un viernes normal de divorciada desquiciada librando empieza en el baño. Música, velas, móviles silenciados, sales (que no sean excesivamente naturales, hace poco compré unas en Natura que se supone que no llevan aditivo de ningún tipo y te dejan el cuerpo de un pegajoso que da asquito)... y ya aprovechas y te tiñes, te depilas, te das la crema anticelulítica -que resulta que no vale con comprarla para que funcione-, el aceite regenerador de cara, te limas las uñas... Quedas como una diosa, pero acabas a las tantas y con una relajación que te desmayas en el sofá y te despiertas a las tres de la mañana como una zombi y con dolor de cervicales.
Hoy, por ejemplo, que no libro pero como mi hija tiene más vida social que yo se ha ido a dormir a casa de unas amigas, he salido tarde, he llevado unos libros a la biblioteca que llevaban varios meses en una caja en el pasillo, he hecho la compra, he llenado el frigorífico, he cenado, he visto una de mis series favoritas (Diario de una Doctora) y tengo que teñirme sí o sí y ya son las tantas.
A ver si consigo hacer la mitad de las cosas que he planeado antes de que llegue el infame Domingo y me haga pedorretas.

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