CUESTIÓN DE PIEL












El tacto es, sin duda, mi sentido favorito. La vista está sobrevalorada y engaña. A veces ves a alguien de lejos y te da la impresión de que te va a cortar la respiración y cuando se acerca, no pasa absolutamente nada. Sin embargo hay personas que estarías abrazando continuamente. En mi casa siempre hemos sido un poco erizos. Mi padre nos abrazaba todo el rato, pero con tanto ímpetu que gritábamos para intentar zafarnos: "¡Mamá, me rasca con la barba!". "¡Qué pesado es! ¡Deja a las chicas!". De pequeña me flipaban las familias que se daban besos a todas horas, porque nosotros si no viajábamos por más de tres días, no nos despedíamos con besos. Entonces, y en ocasiones especiales como Navidad y cumpleaños.
Cuando nació mi hija, me propuse besarla sin parar y decirle cada día que la quiero. Así que estamos todo el santo día sobándonos. Cuando tenía como tres años, la tenía cogida sobre mi cadera y ella me tocaba el pelo y me daba besos y yo se los devolvía amplificados, como los de las abuelas manchegas, y mi padre (cosa rara) nos mostró su indignación: "¡Deja a la chica ya, que la vas a encanijar!" (¿por qué dicen eso, con lo sanísimo que es?). Y mi hija con su enorme cabeza, sin soltar mi pelo, se vuelve a mi padre y le dice: "Es que nos queremos."
Pues eso, que hay que tocarse, no hay nada mejor que un buen masaje antes de dormir (en eso mi hija es una privilegiada porque a mí se me da de muerte y cada vez que está nerviosa reclama su ración de caricias), o después de una sesión de sexo, o a mitad de montaje cuando se te atasca la cosa y no sabes cómo salir. Las caricias no tienen por qué ser solo lascivas, todos mis amigos disfrutan de mis masajes, porque a mí me gusta tanto que me den un masaje como darlo y notar que la persona que lo recibe lo está disfrutando. Así que los que huyen de mí creyendo que soy un erizo... "¡gran error, uno muy grande!", como diría la Roberts.
Voy a ver si me doy un masaje en los pies.

Comentarios