VALES














Ha terminado el Finde de la Madre, y os digo una cosa, al principio estaba indignada por el descuido del padre de la criatura no preocupándose por averiguar con quién le tocaba estar, pero ahora creo firmemente que el auténtico regalo del Día de la Madre es que alguien le quite a los hijos de en medio. El problema lo tenéis las biencasadas, pero, chicas, no se puede tener todo, ¿no pretenderéis tener sexo a domicilio y además librar de niños?
A los hijos creciditos os puedo sugerir como regalazo de verdad que mandéis a vuestras madres a pasar el día a un spa de ciudad, de campo... de lo que sea. Yo he marujeado un poco, pero buena falta me hacía. Además he trabajado, he ido al cine, he paseado.... ¡estoy muerta! pero muy contenta. Y mi niña no había terminado con los regalos, me ha traído un taco de vales: varios masajes de pies, un par de masajes de lo que yo quiera (la estoy entrenando en el arte del masaje, que yo, personalmente domino. De hecho cuando tenía tres años jugábamos a los masajes thailandeses y caminaba sobre mi espalda en la cama los domingos por la mañana con esos piececitos chiquitines, cayéndose contínuamente: ¡ay, ay, espera que me subo, ay, ay!), un vale total integral (para lo que yo quiera) y, mis favoritos, dos vales de desaparición para mis cenas. No me digáis que no es total, por muy preadolescente que esté la pobre.
Bueno, pues nada, ya hasta el año que viene, y dentro de un rato os cuento las pelis que he visto, que son mortales de necesidad.

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