LOS DESHARRAPADOS













La campaña le ha explotado en las narices a la clase política, esa que nos mira por encima del hombro incluso cuando nos está pidiendo, como una chica cualquiera, que por favor la queramos. Han salido de sus guaridas como cada cuatro años y han besado gente, guardado alguna cola ficticia, comprado verdura en los mercados... eso sí, siempre con cámaras, que lo que no se retransmite no existe.

Ahora resulta, que el ciudadano, ése que aguanta lo inaguantable y soporta desmán tras desmán de nuestros representantes, se ha decidido a explicarles que viven en un universo paralelo a años luz de la realidad, que no sabemos exactamente qué hacen por nosotros, pero sí sufrimos sus consecuencias: cada vez vivimos en una sociedad más injusta, con menos oportunidades, con una brecha profunda e insalvable entre ricos y pobres, inculcando valores envenenados a nuestros niños que sueñan con ser estrellas de los media sin profesión conocida.

Al principio a todos les parecía genial que hubiera cuatro perrifláuticos en la calle, porque creían que protestaban contra el de enfrente. Lo que les ha descolocado totalmente es que no son cuatro, ni todos son perrifláuticos y que tienen reproches para la clase política completa que sigue dejando la solución del problema en manos del poder financiero que es el origen de nuestros males. Así que ahora quieren prohibir a la gente salir a la calle, y no se dan cuenta de que el español aguanta sólo hasta que le inflan los cojones, y, no sé por qué, me parece que estamos en este punto.

Creo que hace un fin de semana estupendo para visitar los cascos antiguos de las ciudades y pensar muy bien qué hacemos. Sólo os propondría algún tema de reflexión:

El domingo somos la patronal y elegimos, entre los currículum de los distintos candidatos a representante, a quién le vamos a dar el puesto. Vamos a darles pasta para que decidan dónde la gastan sin tener que volver a autorizarles y les vamos a dar carta blanca para que nos pongan multas por todo lo que les parezca bien, no es echar un papelito en una caja y punto.

La derecha nunca se queda en casa, salen a votar aunque caigan chuzos de punta.

Eso de "da igual, no merece la pena, son todos lo mismo" nos ha llevado exactamente aquí.

Y ahora os dejo con una señora a la que yo votaría sin dudarlo si se presentara en mi ciudad. Se llama Cristina, y puso en su sitio a unos cuantos tertulianos, que es otro colectivo que nos mira a todos por encima del hombro.


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