LA NIÑA QUE LEVITA













A Iris suelo llamarle otras cosas: pequeñita, chiquitita, XS. La primera impresión que te da es de fragilidad e inmensa paz, pero no os dejéis engañar. Sólo hay que verla pasear al perrazo musculoso que tiene (que no sé exactamente de qué marca es, pero primo de un boxer, seguro). De frágil nada. A Iris la vida le dio uno de los mazazos más gordos que te puede dar hará dos años este verano. Yo en realidad estaba más cerca de la edad de su madre que de la suya, pero el caso es que somos amigas. Y he visto cómo ha llevado esto que a cualquiera hubiera dejado hecho un trapo, y la pequeñita tiene unos ovarios, que el día que se ponga a parir va a tener un armario de tres cuerpos.
Yo envidio a XS mogollón. Ya sabéis que lo que más envidia me puede dar en el mundo es una delgada con un buen saque. Porque a mí esas que sólo comen lechuga, más bien me dan pena. Pero Iris come como un sargento de caballería. Eso sí, se le hincha la tripa en cuanto acaba el primer plato, aunque aguanta hasta el postre como una leona.
Así que cada vez que hago cuscús, como ponga lo que ponga me sale un pozal enorme, le doy un toque para que se coma la mitad (creo que en eso le ayuda un poco su chico), y así ha sido. Ha venido con su mochila y un recipiente, arreglá pero informal. Y encima me ha traído dos mangos. Hemos estado un ratillo de terapia y se ha ido más contenta que unas castañuelas. Y yo, sólo de imaginármela relamiéndose con el cuscús, estoy como si me lo comiera yo misma, pero sin engordar.
Iris, preciosa, ¿te he dicho últimamente que te quiero?





Nublo, el primo perruno de Zumosol



Comentarios

  1. ¿Tú estabas esta tarde (domingo 10) en una terraza de Arenal?

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  2. No, estaba estrenando la Ribera del Manzanares.

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