CRÓNICAS MURCIANAS. SOBRE RUEDAS
















Por si alguien no se ha enterado, el miércoles hubo un partido de fútbol. Uno de los cuatro o cinco partidos del milenio que va a haber en un mes. Yo quería que ganara el Barça aunque a mí el fútbol me parece un peñazo insoportable. Pero Guardiola me encanta y está como un queso de bola. Sin embargo Mourinho es un pedante y tiene cara de úlcera de estómago. En lo que a nosotros nos afecta, el día de partido gordo es un día en el que la gente queda en casa a verlo y pide pizzas para cenar. Así que se presentía que La Charica iba a estar desbordada. Y encima les fallaron las tres personas que suelen ir a ayudar los fines de semana, que es cuando hay más movimiento, así que llamaron a teleniños. Y como yo acababa de llegar a Lorca, allá que nos fuimos. Sólo eran dos, tres con la mía, pero aquello parecía un regimiento. Para empezar Mario va en silla de ruedas y para meterla en mi coche tuvimos que quitarle las ruedas a la silla y la bandeja al coche. Todo el centro estaba patas arriba con las carrozas de las procesiones y mi copiloto, Ascen, es la versión lorquina de mí misma. Vamos, que tuvimos que parar a preguntar por dónde se iba al Ayuntamiento (me dijo que no lo contara, pero como ya lo ha contado ella misma...). Cuando por fin encontramos una plaza para minusválidos, estaba aparcando un señor, que también tenía tarjeta. Así que lo dejamos en una descarga de 15 minutos. Si os habíais preguntado alguna vez si es necesario que tengan plazas reservadas, ya os lo digo yo, SÍ! Bien es cierto que Ascen y yo no hemos sido especialmente dotadas para las labores manuales, pero vamos, eso de que lo de las ruedas es supersencillo, se mete y ya está... Y el otro gritando desde el coche como diciendo ¡vaya par de inútiles, po' sacarme ya de aquí pijo! Y a nosotras que nos da la risa floja y no hay forma humana de meter la segunda rueda. Y llega una vecina alertada por el escándalo porque no había nada mejor que hacer, que ya estaba todo el mundo como rezando delante de la tele. Total que al final se llevan al pobre niño andando con grandísima dificultad mientras nosotras nos rendimos y entramos con una rueda en la mano. No sé quién la puso al final, pero la que se termiró sentando fue mi hija, como siempre, mientras yo jugaba con Mario a las tres en raya para que no se diera cuenta. Blanca y Katia se declararon la guerra porque las dos son Mazuecos hasta las trancas, y los chicos veían el fútbol cabreados porque el Madrid no metía goles, que han decidido que a los catalanes hay que bajarles los humos, como si fuera cuestión de humos. En fin, un circo.

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