EL UMBRAL MASCULINO DE DOLOR















Seguramente habréis oído o dicho alguna vez: "si los hombres tuvieran que parir, la raza se habría extinguido", y yo no lo he comprobado hasta este fin de semana.
Estaba yo en el hospital, con la diosa Cati, cuando llega su cuñado, y primo político mío, Juan. Juan es policía. El típico policía colega de los delincuentes de todo rango, un policía de esos que demuestran que la mano izquierda es mucho mejor que la derecha (aunque es nombrarle a Zapatero y ponerse como la niña del exorcista, como el 80% de la población, por otra parte). Total, que llega a recoger a la enfermera privada de noche (o sea, la hermana de la enferma, que en este caso también es enfermera), pero llega medio doblado. "¿Dónde está Ascen?, ¡venga que se dé prisa que no sé si me voy a poder sentar en el coche!" La pobre Ascen estaba fumándose un cigarro, así que llamo a mi hermana que está con ella: "Marisol, dile a Ascen que Juan se está quedando paralítico. Si no se da prisa no llegan a Lorca" . Mientras llegan, se pone a quejarse como una nenaza de lo que le duelen todas las articulaciones. Era para verle. Sentado en la silla de las visitas junto a la cama, diciendo que estaba malo de morirse, y la pobre Cati consolándole. Por si alguien no lo sabe, a Cati le quitaron un trozo de estómago, el duodeno y un trozo de páncreas la semana pasada. Y, como no era suficiente, dos días después de estar en casa aparece un abceso y se lo tienen que drenar en vivo. Y Juan, con dos cojones, como si no se hubiera enterado de lo que iba la película, dale que te pego: "¡Que no es que me duela la espalda, es que no me puedo mover, que no puedo levantar el brazo, que me duelen los codos, que estoy fatal!" Cati se reía lo justo para que no le dolieran los puntos, y los demás no dábamos crédito al espectáculo. "Juan, te pones hoy una inyección, y mañana pides cita al reumatólogo"- le decía Cati, mientras le miraba como si fuera un personaje de ficción. Como, parece ser, le tenían que pinchar dos medicamentos distintos (yo con mis primas me vuelvo loca, hablan de corticoides como las abuelas hablan del tiempo), él dijo que se los pusieran juntos, que no iba a sufrir dos pinchazos... en fin que se pinchó y salió corriendo. Nosotras nos quedamos sin dar crédito aún a la experiencia paranormal. Y Cati me dijo: "¡Ana, esto tienes que escribirlo, por Dios!".
Aquí lo tienes, diosa. Espero que te hayas reído un poco sin que te tiren los puntos.

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