RESACA INFANTIL















Hace unos días mi hija fue a un cumple-fiesta de pijamas. Llevaba dándome la lata varias semanas con el tema. Primero habían preparado una fiesta sorpresa de despedida para una compañera que se cambia de cole. La iban a llevar engañada a una falsa fiesta de cumpleaños, pero claro el cumpleaños que se habían inventado era de alguien a quien la niña no conocía, y dijo que no pintaba nada ahí. Total, que al final ni sorpresa ni nada, tuvieron que decirle la verdad, pero su madre no le da permiso para dormir fuera de casa, así que su plan fracasó estrepitosamente. Pero ella es inasequible al desaliento. Ella lleva haciendo planes desde infantil. En primero de primaria puso un negocio de tatuajes. Un negocio ruinoso, porque lo hacía gratis. Llevaba una hojita cuadriculada con los modelos que los clientes podían elegir, y se los dibujaba en manos y brazos con unos rotuladores borrables que le había regalado.
En segundo organizaba clases, con su amiga Laura como ayudante. Daban clases de yoga, judo, aerobic y danza. Tenían una lista con todos los alumnos, controlaban la asistencia y cada tres clases les premiaban con un caramelo. No me digáis que no está bien pensado, si nuestros profesores nos hubieran dado caramelos por ir a clase, habríamos ido con otro rollo en el cuerpo.
En tercero, un día me dijo que estaba pensando hacer algo porque los niños se peleaban mucho en el patio, y que se iba a ofrecer para arreglar las cosas con unos carteles. Yo le dije que entonces quería ser mediadora de conflictos, y me contesta: "No, pero no voy a poner eso, porque los niños no lo entienden". Y se hizo unos carteles tamaño folio en los que ponía (creo recordarlos literalmente, todavía debo de tener alguno por ahí guardado): KATIA OS AYUDA Y OS DEFIENDE. ACUDIR A SU SERVICIO. VÁLIDO DE JUNIO DE 2008 A JUNIO DE 2009.
Bueno, pues ese pequeño embrión de sindicalista, el viernes se fue de parranda a casa de una amiga, yo pasé a recogerla a la mañana siguiente a las once y media, pensando que ya era muy tarde, y cuál no será mi sorpresa cuando me la encuentro todavía en pijama, con otras cinco niñas espachurradas en la habitación, y con restos de rimmel y lápiz de ojos, que parecía yo misma, pero a los 20 años después de una noche de farra. Habían estado despiertas hasta las 6 de la mañana, grabando un vídeo de un programa de cotilleo, con sus títulos de crédito y todo, en el que anunciaban en exclusiva las fotos que prueban la relación entre Selena y Justin Bieber, ese amigo de Abel, que parece ser ejerce de picaflor.
Así que, después de ver el vídeo, conseguí llevármela de allí, y al llegar a casa desapareció de mi vista y me la encontré tirada en mi cama, como una adolescente resacosa. Menos mal que el hartón que se pegaron fue de azúcar (parece ser que se inflaron a lacasitos, así no pegaron ojo, claro), no obstante, la mandé directamente al baño, y luego dejé que se metiera en la cama. Y así pasó la primera resaca de su vida. Levantándose a comer a las seis y media de la tarde, como yo en mis mejores tiempos.
¡Ay señor, la que me espera!

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