JO, QUÉ NOCHE!













Todo empezó hace unos días. A punto de empezar una segunda tanda de curro desenfrenado me pongo mala de morirme con un catarrazo del 15. Así que el día anterior a la grabación voy a la farmacia y le pido a la señora algo para los mocos, para echarlos. ¿Tienes muchos? Muchísimos. ¿Cómo son? Horrorosos, tirando a verdes (Simón no leas esto), y me duelen los pómulos. Uy, uy, uy, eso es principio de sinusitis. Toma este jarabe, esnifa agua y bébela también (la esnifada no, otra limpia). Así que, por la noche, de regreso a casa con mi compañera de piso en el asiento trasero, paro un momentito en segunda fila delante de la farmacia y entro a comprar suero fisiológico y un jeringón de 20 ml. para metérmelo a chorro. Al salir, bajo jovial el bordillo, actividad, a priori, nada peligrosa. ¡Ja! El asfalto tiene un bollo y mi pie acude a él como mosca al panal, el tobillo cede (como siempre) noto un dolor insoportable, y caigo hincando las rodillas en la calle. Y empiezan los juramentos: ¡Me cago en la puta, otro esguince! ¡Me cago en la puta! ¡Señora está bien? (¡Qué señora ni que niño muerto! ¡Cómo voy a estar bien! ¿no me ve de rodillas en el suelo jurando en arameo?) Todo esto lo pensaba yo, que la pobre señora estaba preocupadísima por mí, y no le iba encima a soltar una grosería. Así que levanto la vista y veo a mi hija encerrada en el coche, golpeando los cristales con sus manitas y cara de susto: ¡Mamáááá, Mamáááá! Un novelón venezolano. De repente recuerda que las ventanillas traseras son manuales y la baja deprisa: Mamá, ¿qué ha pasado?. Nada cariño, sólo es un esguince. ¿Otro? Me vuelvo y la acera está llena de señores mayores que lo habían visto todo desde un bar: Si la hemos visto, sólo ha bajado el bordillo... ¡Ya te digo, como si a mí me hiciera falta algo más que un bordillo para hacerme un esguince.
En fin, que cogí mi kit básico de accidentada: bolsa de frío, antiinflamatorios, nueva tobillera que me compra Rebeca, y me aclara por fin cómo se pone. Que tengo otras dos iguales, y me las llevo poniendo mal 15 años (no sólo yo, que le pregunté al último fisio que me trató y tampoco sabía, el muy tarugo). Así que consigo que el pie no se hinche y todo queda en una pelota de tenis junior en el tobillo que voy controlando. Sobrevivo a la grabación y el domingo decido hacer la colada. Pero la lavadora decide morirse. La pobre ha tenido una larga e intensa vida, pero... ¿justo ahora? Espero a que venga mi hija de su estancia paterna para que me acompañe. Compro el mismo modelo (porque esta me ha durado 14 años, que está muy bien). A la cama. Me duele la barriga. ¿Quieres vomitar? No, pero me duele. Pues ponte tu cojín. Toma un barreño por si te dan ganas de vomitar y no llegas al baño. Vale. Cuatro de la madrugada. ¡Mamá! ¡Dios qué susto! Lo siento no he llegado al baño. No te preocupes cariño, ¿estás bien? Métete en mi cama. No me preguntéis cómo, pero lo único que no tenía arroz tres delicias en la habitación era el barreño y la niña. Así que cierro la puerta para que no se expanda el aroma, pero ya no pego ojo pensando en los 57 kilos que pesa el colchón si tengo que quitarle la funda para lavarlo. A las seis, nueva andanada. Así que ya me levanto empiezo a limpiar como una loca y encerrarlo todo en bolsas a la espera de la nueva lavadora, que va a tener un estreno a lo grande.
¡Dios, qué ganas tengo de que llegue el 31 para darle cerrojazo a este añito de los cojones! En Alemania... y sin cerveza... ¡qué horror!

Comentarios

  1. ¡Ánimo, Ana!
    Sin ese humor que te caracteriza, la vida seria insoportable...
    (Espero que te dieran antibióticos, que moquitos verdes es señal de infección bacteriana, corazón.)

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  2. Aunque sea el mismo modelo, no confíes en que esta también te dure 14 años. Ya no se fabrican las cosas como antes...

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  3. Ana, guapa. Que desaparezco unos días de la faz de la tierra (facebook y eso), pero que volveré pronto.

    Besos desde Frankfurt!

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  4. No tardes. Me preocupo.
    i.l.d.

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  5. ¿por qué sin cervezassssssssssssssssss? Serás túúúuúúúúúúúúúúúúúúúúúú

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