¡FELIZ CACADELAVACA!


















Esta Navidad me ha llegado muy como de repente. Mira que yo soy de cantar villancicos desde primeros de noviembre. Hubo una época de mi vida en que la odiaba, coincidiendo con un gran cataclismo. Luego se me pasó el cabreo y me reconcilié con las luces, los árboles y el Jingle Bells. Y ahora me suele gustar. La gente sonríe más, de acuerdo, tienen un poco cara de tontos, pero ¿qué más da?
Este año, cuando ya estaba lanzada al villanciqueo ocurrió algo muy triste que todos conocéis, y se fue al carajo el espíritu navideño. Todavía ha ocurrido algo más justo la semana pasada, y, la verdad, no he podido dejar de pensar en la gente más cercana a los que se van, y no puedo ni imaginar cómo habrán pasado la noche. Supongo que apagando la televisión como primera medida, porque eso de que sea obligatorio estar alegre es una presión insoportable.
Mi Navidad, en realidad, creo que ha sido la semana pasada, cuando todos los primos quedamos para celebrar el cumpleaños de mi primica, la que se fue. No estábamos todos, pero recuperamos parte de nuestra infancia y recordamos todas las gamberradas de los pepes, que eran un no parar. No pude dejar de pensar en algo. Si ella no hubiera desaparecido, no me habría molestado en hacer el viaje para la fiesta, y, sin embargo, la cena le habría encantado con todos sus amigos y primos juntos hablando de ella, riendo, llorando, cantando. Así que he decidido no dejar nada pendiente. Cuando piense en llamar a alguien, simplemente, llamaré. Cuando vas dejando las cosas porque no es el momento, a lo mejor, ya nunca lo es.
Solo espero poder volar a Frankfurt para Fin de Año, porque tal y como está la cosa, igual no puedo ir, o voy y no puedo volver, o me quedo congelada en el aire...
De momento, le cojo prestado el árbol gótico a Rebeca para desearos a todos Feliz Cacadelavaca.

Comentarios

  1. Cuánta razón tienes, Ana... Van siendo horas de no dejar nada sin hacer.
    besos y ¡Feliz Navidad!

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