EL SÍNDROME DE ESCARLATA





















Ésta ha sido la semana de la procrastinación. No porque haya procrastinado más de lo habitual, sino que, por fin, he descubierto que lo que a mí me pasa tiene nombre, y, además, le pasa a mucha gente. Está tipificado, clasificado, estructurado... Pero yo prefiero llamarlo "Síndrome de Escarlata", es más mono, y me encanta Escarlata y Mami y los vestidos, los miriñaques, las mansiones... y su máxima: "ya pensaré en ello mañana".
Pues eso, que me ha tranquilizado porque no soy un bicho raro (por esto en concreto), pero ahora ando buscando trucos para superarlo, y no me resulta tan fácil encontrarlos. Lo que sí he visto es el tipo de Escarlata que soy: procrastinadora perfeccionista. Parece ser que algunas personas perfeccionistas, ante la posibilidad de no alcanzar ésa perfección, demoran y demoran las tareas. Esa soy yo. Todo o nada. Y así me va, que no encuentro la cartilla del Banco, el calendario de vacunaciones de la niña, o el GPS del coche, que se ha escondido en mi casa (o bien me lo han robado, que todo es posible).
Supongo que podría hacer una lista (me encantan las listas, sobre todo las de la compra, ésas que me dejo en casa cuando voy a Mercadona), e intentar darle un orden de prioridad, pero es que el cerro de papeles que tengo pendiente de revisar, me da miedo. ¿Cuánto tiempo hay que guardar los recibos? Y, sobre todo... ¿para qué?, si no compruebo los importes ni si coinciden con los cargos.... Necesito un Asistente Personal, pero no tendría dinero para pagarle, porque con mi carácter no creo que pudiera aguantarme más de una semana.
De momento, voy a localizar la reserva de los libros de mi hija, que todavía no me han llamado y el cole está al caer. Y lo demás... "ya pensaré en ello mañana. Al fin y al cabo, mañana será otro día"

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