MAREMÁGNUM












El huracán
Annie Leibovitz

¿Alguna vez te has visto en el ojo del huracán? Bueno, en realidad, creo que justo en el ojo del huracán hay calma, pero no entiendo cómo lo saben. ¿Quién ha tenido los cojones de atravesar esa locura de torbellino para ver que en el centro se está bien, y salir ileso para contarlo?... Pues yo me encuentro más bien en lo que viene a ser el remolino. Con fuerzas centrípetas y centrífugas tirando de mis brazos y piernas, pidiendo: ven, quédate, vete, hazlo, déjalo, quiero volver, te necesito, me sobras, eres genial, eres un asco, estás monísima, adelgaza, ríe, no hagas ruido, alegra esto un poco, entra, sal, decide, no decidas todavía, lo puedes hacer, no lo hagas, esto es poco para tí, no puedes hacer tanto... ¡Aaaaaaaahhhhhhhhhhh!
Sólo quiero desaparecer, robarle la capa de invisibilidad al repelente niño vicente de gafotas redondas, coger mi pullpush y correr mar adentro hasta otro continente. Bueno, tendré que pensar en mi apéndice. Sí, he de reconocer, que después de cuatro semanas, y habiéndome bebido seis bares, ya me apetece estar con ella. Lo que no sé es cuánto me durará esto, pero la idea de sestear a la orilla del mar, justo cuando la marabunta deja de rugir con un buen libro al lado (o malo, que son los mejores para la playa) para los escasos momentos de consciencia, es lo único que me salva de caer definitivamente en la locura.
Fffffffffffffffffff (Espiración profunda). Ya.

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