TANTA GLORIA LLEVEN...




















Sí, queridos, he logrado deshacerme de las pubertarias, no sin cierta dificultad. Para rematar la faena, cuando ha venido el padre de dos de ellas me llaman por el portero automático (han decidido bajar a jugar) y me preguntan: "Oye, Ana, ¿puede quedarse mi padre ahí contigo mientras jugamos en la calle?" Me ha dado un ataque de risa, que les he debido dejar sordos... Porque son graciosas, que si no las habría asesinado.
Después de triunfar con el menú (y eso que tenía mis dudas): Crema de calabaza con nuez moscada, la versión light de la magra con tomate murciana, hecha con pollo en vez de cerdo, y helado de postre; he recogido la cocina y me he retirado a mis aposentos: "A no ser que tengáis un ojo colgando fuera de la órbita, ni se os ocurra molestarme". Y se han reído. No sé si era de mí, o de lo que tenían planeado hacer... El caso es que me he puesto el despertador, porque me conozco, y, efectivamente, me ha despertado el pitido, si no, seguiría tan feliz zumbándome a Morfeo.
Así que, cuando ha venido a buscar a los angelitos su padre, como faltaba otra por recoger, le han obligado a quedarse a esperarle, y no nos dejaban ni hablar mientras veían series absurdas.
Y ahora me toca ponerme a limpiar lo que previamente había limpiado la asistenta esta mañana.
Lo dicho: ¡Tanta gloria lleven, como descanso dejan!

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